el mitín

MITIN de la CSPM
de Javier Vaquero

Hola, y gracias por haber venido a este mitin de la CSPM.

Este es Javier y la Confederación Sindical de Performers Museísticos es toda una mentira. La CSPM no existe como tal. Sorpresa Sorpresa!
La CSPM más bien es un ensayo utópico con el cual testear, probar y degustar lo que podría ser o haber sido un movimiento autónomo de performers que trabajan dentro de contextos expositivos. Dentro de este sindicato, Javier, yo, vendría a ser la única representante actual del mismo. Si es que Javier existe… No, en realidad sí existo. Ni soy una matrix cyberontológica ni una moderna que se cree mística.

La CSPM podría haber nacido el día 28 de septiembre de 2011 en los jardines de la Escola Massana, en Barcelona. Allí se reunió un grupo de performers vinculados a espacios expositivos con el objetivo de negociar su situación laboral como elenco de la pieza Retrospectiva de Xavier le Roy, desarrollada y producida en la Fundación Tàpies, en febrero de 2012.

¿Sabéis lo que consiguieron con un mínimo de organización? Que la famosa primera edición de Retrospectiva de Xavier le Roy se redujese de tres a dos meses de duración para tener salarios más acordes con sus esfuerzos. Con ese mínimo de autoorganización, se consiguió modificar la duración considerablemente de lo que luego sería un hito dentro de las artes vivas de los museos.

¿Pero sabéis lo que pasa? Que el sindicalismo es muy poco sexy. Porque está lleno de hombres diciendo cosas, hombres hablando con otros hombres, hombres que siempre tienen hambre, hombres orgullosos de sus hombros, hombres que se asombran de ser hombres, hombres que te dan sombra. Así que, para comenzar este mitin, yo, que ya no soy un hombre, pero sí que soy sexy, os voy a enseñar el culo.

El sindicalismo carece de purpurina y sexo. Y, en muchos casos, rezuma testosterona y ladrillo. Es una putada porque entre el espejismo de burgueses wannabe en el que nos ha metido el neoliberalismo y la falta de seducción del sindicalismo, hace que el sindicato que podría haber sido en 2011, se quedó allí, en 2011.

¿Pero sabéis qué?
Que seguimos siendo performers.
Que somos performers.
Somos performers.
Soy performer.
Sois performers.
Somos una performance, menos que más. Como esto, que también es una performance.

La cuestión es que no tenemos que tener miedo a nombrarnos. El lenguaje nos da fuerza. El lenguaje tiene fuerza. ¿Si lo demuestran de lunes a viernes cada tarde en Telecinco, por qué no deberíamos hacerlo nosotras? Cuánto nos queda por aprender de Belén Esteban. Ahí la performer.

Hemos vivido y vivimos experiencias atravesadas por el hecho de ser performers. Desarrollamos nuestro pensar, activamos nuestros cuerpos y vivimos nuestras vidas desde el hecho de ser o de haber sido performers. Estamos hoy aquí con la obligación

de identificarnos en la palabra performer con el propósito de nombrar las opresiones que a esta identidad le acompañan demasiado a menudo.

Tenemos que volver sin miedo a la fuerza desgarradora que nos dan las identidades. Porque nombrarnos a nosotres mismes es nombrarnos como colectivo. Es poner en común nuestras vivencias, nuestros dolores y nuestros deseos. Nombrarnos es, también, poder nombrar lo otro, el opresor y al que violenta. Nombrar es ser. Yo lo digo y ya existe. Holi, estoy aquí. ¿Me veis?

Como performers tenemos una relación singular con el cuerpo. Nuestro tiempo no siempre obedece al tiempo de consumo. Necesitamos tiempo. Sabemos que escuchar al cuerpo y accionar desde ahí requiere de tiempo, escucha, meditación y aperturas sensibles que no se relacionan bien con el tiempo productivo. Nuestra hegemonía no es la palabra aunque la usemos. Nuestra hegemonía es sensoriomotriz. Por eso la tiranía de la palabra, inserta en subvenciones, justificaciones, presentaciones y catálogos nos quita constantemente legitimidad. Porque nuestro lenguaje es múltiple, complejo, curvado y sobre todo, no lineal. Como mi tripa.

Somos performers y, además, a menudo, solemos ser creadores, curadores, gestores, profesores, directores, mediadores, productores. Pero, ¡ojo, cuidao! Que el amasijo de identidades y realidades no nos ciegue para ver que tenemos vivencias concretas. Que la diversificación de nuestros curros no nos engañe porque no todos esos curros ofrecen igualdad de condiciones. No todes tenemos salario a final de mes para pagar un alquiler o para irnos de vacaciones. No todes tenemos acceso a la vida laboral. No todes podemos relajarnos en el trabajo. No todes tenemos sanidad pública o dinero en el banco. No todes tenemos la nevera llena. No todes tenemos privilegios de clase como para poder soportar esa precariedad económica. Volviendo a la Esteban: PA GA ME.

El problema de la falta de regulación laboral dentro de contextos artísticos es que al final solo pueden vivir tranquilamente de ello los artistas con privilegios (de clase, de raza, de género u otros).

Si hay algo que tenemos en común con les artistas con privilegios de clase, con les gestores culturales económicamente solventes, con les directores de fundaciones con sueldazo o con les curadores acomodades, debe ser algo así como que “creemos en el arte como lenguaje que transforma y cuestiona nuestra sociedad”. Si nos creemos esa afirmación (más que cuestionable) y decidimos que eso es lo que tenemos en común, por lo menos tengamos claro que sí, que estaremos remando juntes con el mismo objetivo, pero en este remar no estamos en igualdad de condiciones.

Hemos sido los peones de obra de muchos museos y galerías con condiciones salariales más que cuestionables durante los últimos diez años. Hemos sido les invitades, pero nunca les protagonistes. ¡Con lo que nos gusta a nosotras un foco y ser el centro de atención, Mari!

Les que no han sido auntónomes forzades, han sido contratades por empresas tercerizadas con un salario de entre cinco y diez euros la hora. Por ese dinero y una recompensa basada en la famosa patraña de la visibilidad… ¡LA VISIBILIDAD! ¿Me véis? ¿Hola, me ves?

Por la visibilidad hemos dejado nuestros trabajos, aplazado otros currillos, hecho el puzzle para encajar horarios, darnos de alta de autónomos por días si fuera necesario y mil otras cosas. Dando contenido de calidad a instituciones supuestamente aliadas a precio de coste. Nos han hecho no valer nada.

Una vez dentro de esos magníficos contextos hemos tenido, en numerosas ocasiones, peleas por espacios dignos para prepararnos y para actuar. Nos han hecho fotos constantemente sin permisos (como estáis haciendo ahora mismo vosotres), nos han dejado abandonades una vez inaugurada la exposición de turno, nos han pagado tarde. Es un relato que se repite incesantemente. Y estamos aquí para visibilizarlo.

¿Quiénes son cómplices de estos abusos laborales y personales? ¿Quién mira hacia otro lado cuando los presupuestos se hacen como el culo? ¿Quién no presiona desde su lugar de poder para que las personas a su cargo tengan condiciones salariales dignas? ¿Quién nos invita pero no nos hace protagonistas? Y, también, ¿cuándo somos nosotres mismes les cómplices?

¿Podemos hablar ya de cuanto hemos naturalizado las agresiones dentro de los territorios artísticos? Las academias de ballet, los desórdenes alimenticios, los casting publicitarios, los abusos físicos, mentales y sexuales de los artistas autoproclamados como genios, los mails despectivos, les gestores que te hacen ghosting, etc etc etc.

We Dance You Mean se llama la expo que se encuentra ahora mismo dentro de esta galería. La expo de la que la CSPM forma parte de manera fugaz en este momento. We Dance You Mean. Nosotros bailamos, y ya vosotros pues significad lo que os dé la gana porque nosotros en realidad no queremos hacer otra cosa que bailar. Dentro de esta expo hay una obra que se llama xxx del artista xxx. Se trata de un humidificador y un deshumidifcador enfrentados. El vapor que va de una máquina es el vapor del agua de un charco recogida en la zona de Madrid donde el metro cuadrado cuesta más a la hora de comprar un inmueble. Ahora mismo me estoy haciendo unos vapores con el agua de un charco del metro más caro de Madrid. Me estoy haciendo unos vapores con el agua del charco del metro más caro de Madrid en una galería situada a unos pocos metros de otra de las zonas más caras de todo Madrid (República Argentina). Y vosotres estáis escuchando mi relato en la calle a través de auriculares porque en los barrios más caros de todo Madrid no está muy bien visto eso de poner unos altavoces y dar un par de gritos. Seguramente este mitin habría sido bastante más fácil en Vallekas (por mucho que hayan tratado de criminalizar durante las última elecciones a les vecines de ese barrio). Pero claro ¿Dónde están las galerías de arte en Vallekas? ¿Dónde está el arte en Vallekas? ¿Dónde les artistes? Aquí presente una performer Vallekana que ha conseguido llegar del metro a la galería sin prenderle fuego a un contenedor. Y no es por falta de ganas.

¡Hagamos autocrítica o quemémoslo todo! No sólo vale luchar por las migajas que un sistema artístico de por sí clasista, machista y colonialista nos ofrece. Hay que luchar también por el acceso a esas migajas y a esa lucha. ¿Cuántes artistas racializades véis en museos? ¿Conocéis alguna persona transgénero dirigiendo instituciones artísticas? ¿Cuántes gestores culturales locas o discas conocéis? ¡Bienvenides a las Olimpiadas de la Diversidad! ¿No? Aquí no estamos hablando de cupos, estamos hablando de decolonizar las instituciones desde todos sus frentes y que las otredades ocupen el espacio que les pertenece, que toda la cadena, de le directore a le performer, sea atravesada por eses otres, poniendo también fin a la verticalidad en la que se sustenta este sistema.

Somos performers, somos artistas, somos agentes activos y necesarios dentro de la cultura y el arte, que hemos hecho de esta práctica nuestra profesión. Ahora bien, no nos confundamos, ni la cultura ni el arte nos pertenecen, ni a nosotres ni a ninguna institución.

¿Dónde están el arte, la cultura, les artistes y les performers fuera de las instituciones?

Hace un año, la unión de actores y actrices convocó una especie de huelga llamada Apagón Cultural. ¿Quiénes somos nosotres para decidir cuando la cultura se apaga? ¿En qué posición nos estamos colocando para decidir que si nosotros no trabajamos la cultura se apaga? Pero, ¿de qué cultura estamos hablando?

Yoko Ono
Rocío Carrasco
Marina Abramovich Rocío Carrasco
Esther Ferrer
Rocío Carrasco
La Ribot
Rocío Carrasco
Victoria Santa Cruz Rocío Carrasco
Martha Graham
Rocío Carrasco
Lina Morgan
Rocío Carrasco
La Tigresa del Oriente Rocío Carrasco
Diana Torres
Rocío Carrasco
Las vecinas de Valencia Rocío Carrasco
La rubita del Cabanyal Rocío Carrasco
Emilia Pardo Bazán Rocío Carrasco
Lola Flores
Rocío Carrasco
Bibi Andersen
Rocío Carrasco
Angela Davis
Rocío Carrasco
Rocío Jurado
Rocío Carrasco

Hace unos meses vi en Twitter alguien que decía algo así como: “Si les artistes blanques queréis realmente hacer algo por les artistes racializades y otras disidencias, entonces dejad de hacer arte”. No sé si era del todo así pero esa frase se me quedó muy pega a la retina. Supongo que porque hay algo de cierto en ella. Asi que llegados a este punto os comunico que yo Javiera dimito como la única representante de la CSPM. Ni tiene sentido llevar un sindicato adelante sin la fuerza de un colectivo ni tiene sentido que sea yo. Asi que presento mi dimisión en este momento y convoco una asamblea abierta de performers donde repensar, esta vez si juntas, si este sindicato tiene sentido en la vida real. En las próximas semanas anunciaremos la asamblea y todas las performers que queráis asistir estaréis más que bienvenidas.

Despertemos otra vez una ilusión por la colectividad y la autogestión y dejemos a un lado los conflictos de intereses. Abracemos la ingobernabilidad de la cultura y el arte justamente para transcender las estructuras laborales e institucionales. Recuperemos, a la vez que luchamos por la regularización de nuestros curros, el sentido erótico y transformador de nuestro trabajo y de la cultura en su sentido más amplio (desde “We Dance You Mean” hasta el collar de macarrones que hacen les niñes en la escuela). En

definitiva, como perras, ladremos y gocemos. Porque seguimos en estas desde hace años, pero a pesar de todo no nos han ahuyentado. Sólo nos queda estar más juntitas, abrazarnos más, ser más gritonas, agitar más y no callarnos nunca. Bailemos hoy y siempre por un movimiento de performers autoorganizado, sexy y furioso.

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